El legendario río Santo Domingo, que sirve de zona limítrofe entre los municipios de Simití y San Pablo, en el departamento de Bolívar y que desemboca en el afluente de Canaletal al río Magdalena, se ha convertido en el río de la muerte, el río del miedo; nadie sabe nada.
Hoy el temor y la zozobra crece en una eterna incertidumbre que no termina en la memoria de los habitantes de la ribera; incluso en Bocas del Rosario, Vijagua, Badillo, Cerrodeburgos y Campopayares, donde ven mujeres flotando en las aguas torrentosas.
Muchas de ellas se van al fondo del río y quedaran sepultada en una cripta que nadie sabrá de sus restos. Uno de los cuerpos rescatados por pescadores, serán llevado a Medicina Legal, para ser identificado por completo; aún se desconoce su identidad.