Cuando se habla del icono del municipio de Morales, Bolívar, se tiene que recurrir al templo de San Sebastián, que data del siglo XVIII, recorre con nosotros la historia que marca la presente cultura anfibia que hace parte los moraleros.
Para edificar el templo, la campaña se inició con la recolección de materiales que dio inicio al poblado que existe hoy; era el mes de agosto de 1.886; en Morales, Bolívar y sus alrededores, había alegría, de esta manera organizaron diferentes comités.
Guiado por una fe en Dios, el Sacerdote Trespalacios, viaja a los Departamentos de Norte y sur de Santander, especialmente a Pamplona, Cúcuta y Bucaramanga, donde no encuentra eco; luego toma la ruta a la ciudad de Medellín, donde su moral estuvo a punto de desvanecerse; tanto que pensó renunciar al sacerdocio, debido a la negligencia de los paisas; pero esto le dio fuerza al Sacerdote, siguió caminando en un camino espinoso y días después se embarcó en la odisea de llegar hasta los países vecinos como Venezuela y Ecuador donde le abrieron los brazos ofreciéndole ayuda, Don Marcelino Pallares uno de los compañeros de caminos de Trespalacios, describía sobre la Fe, Piedad, Bondad y amor del Padre Bernabé, ya que en varias ocasiones lo alcanzó a ver de rodillas y con lágrimas en los ojos implorando limosna y ayuda para el Templo, logró su cometido, edificar el templo de Dios.
Mientras el Sacerdote buscaba en los países vecinos, la Junta pro-construcción tampoco desmayaba; mientras unos recolectaban las donaciones; otros construían hornos para quemar calizas, uno estaba en la finca de don Cano Jiménez, y el otro en casa de Bernabé Barba, hoy Teobaldo Badillo, para así obtener la cal que serviría como material para pegar las piedras con calicanto; ambos hornos estaban ubicados en la parte arriba del pequeño poblado.
Trespalacios seguía en su incansable lucha, en pro de la recolección de recursos; mientras tanto en el pequeño caserío, la gente trabajaba de sol a sol, de hombro a hombro; Hombres, mujeres jóvenes y niños lo entregaban todo.
En el movimiento pro-construcción del templo, San Sebastián, Don pascual y doña Candelaria Trespalacios fueron el brazo derecho para erigir las bases, era el mayordomo de fábrica quién venía ejerciendo este Santo oficio desde 1.880, los cuáles, tres días después del voraz incendio, se dieron a la tarea de remover el piso, para recoger lo que pudiera haber soportado tal eversión; entre las cenizas del piso, recogieron 14 Libras de Oro y Plata.
Hecha una evaluación de los fondos recolectados, La Junta reunió al pueblo para informarle que fuera el Padre Trespalacios quién escogiera el Sitio donde habría de edificar la nueva Iglesia.
El año de Gracia llegó, todos habían sido invitados. ¡A las 8 de la mañana de ese viernes 14 de septiembre de 1.888, la aurora dejaba filtrar tras las hojas de los gigantes arboles el inicio de la Santa Misa, ¡El Sacerdote Trespalacios, coloca la primera piedra, tras un picazo que salpico la tierra! ¡Justamente en el sitio donde se encuentra el altar, hasta el día de hoy…! ¡La obra había empezado…!
Manos a la obra.
Esta construcción, según el pensamiento del cura Trespalacios, requeriría de mano profesionales, fue, por consiguiente, que trajo de la ciudad de Mompox a los Señores Manuel del Cantillo y Jesús Soto; albañiles profesionales y reconocidos en ésta ciudad, además quienes conocían a la perfección las técnicas españolas; de esta manera ya instalados en Morales, Bolívar, dirigieron y emprendieron el trabajo con lujo de detalles la obra que se ha convertido en el icono de los moraleros.
Para dicho cimiento, las piedras fueron traídas de las orillas de la ciénaga de Simoa, la cueva de Casa de Piedra, Peñoncito y Paredes de Ororia; los cimientos y paredes fueron construidos por los Maestros: Marcos Arias, Luis Antonio Quintero y el Márquez; los cuales eran oriundos de Ocaña.
Los diatínales o columnas de madera, fueron traídas de Bocas de la Honda, Guataca, Las Garavitas y Diatinal, cortados por don Pedro Elías Flórez e hijos y algunos voluntarios de la comarca; la madera labrada por los mismos personajes, estuvo a cargo de don Blas Toscano y José Presentación de la Rosa, ambos momposinos.
Las zanjas o chambas para los cimientos fueron cavadas bajo la dirección del señor Valentín Torres, el cual media por encima de dos metros de altura y esta fue la referencia para dichas zanjas, las cuales su dimensión eran iguales, tanto la altura, como el ancho.
El maestro La Rotta, oriundo de Bucaramanga construyo el frente de la iglesia y la Cúpula fue construida por el maestro Jesús Soto en compañía de José Machuca. Hasta el día de hoy los moraleros conservan la joya arquitectónica del siglo XVIII, que es orgullo de los que nacen en esta tierra.