En un verano, cuando el viento del mar Caribe bañaba de frescura el corralito de piedra, conocí al más revolucionario de los periodista; Gustavito Balanta; con su cara de folclor, sus ojos achinados y su vena afro, dejaba volar su ansiedad en todos los rincones de Cartagena, al lado de Andrés Miranda. Sus noticias tenían ese dinamismo de rebeldía que no podía atajar, porque su lengua se desbordaba en los viejos micrófono que hacían que su Voz llegara a las Estrellas.
Hoy mi dolor inmarcesible me acompaña al saber que el regalo del día del periodista, fue la muerte de mi querido Balanta; la noche que lo acompañe a la ceremonia de los mejores, al lado de Alfedro Fabro, Ada Echenique, Rafael Montero, mi compadre Rodriguito “El diablo” Ramírez, Ñapita, Jairo Baena, La Chiqui, Olguita, Pomare, El Pindo Sánchez, Pablito, Silva Corvi e incluso de la aprendiz de periodista que se vaticinaba como una de las mejores niña en comunicaciones, Laurita Cardona y otros que hoy No puedo escribir porque son un montón de “Quijotes” que cada día se levantan con pasión, con vocación para comunicar todos lo que pasa en sus barrios, en la ciudad y para no llenar esta cuartilla de recuerdos, me detuve… ahí.
Adiós mi recordado Balanta, Yo y los periodistas de Cartagena estamos de luto y ojala se piensen en crear el premio de la “Estatuilla Negra” a los mejores trabajos periodísticos; homenaje, por haber nacido periodista y por morir el día del periodista, solo me toca recordarte que le exigiré a tus hijos mi herencia, el gorro “KUFI”, un compromiso que se selló entre los dos, en la ciudad de Barranquilla.