Cuando el joven Luis Herrera Ramírez, disfrutaba y sentía el aire puro procedente de la manigua de la serranía de San Lucas, él tomó el machete y comenzó a macanear la maraña, de repente siente un calor que se apoderaba rápidamente de su cuerpo.
Cuando miro al lado, fue sorprendido por la velocidad de la serpiente más venenosa de la cordillera Central, un Mapaná Equis de casi dos metros de longitud; ella le había incrustado sus colmillos y ni siquiera el hombre se había dado cuenta, NO sintió el pinchazo; solo notaba que de los dos puntitos rojos se generaba sudor que rodaba en abundancia, sobre su cuerpo.
De inmediato como pudo mató el bello ejemplar, que el mercado negro de la ciudad de Bogotá, puede estar costado cinco millones de pesos; esta culebra, supera en veneno a la Cascabel y a la Coral; pero para, Lucho Herrera era tarde, su vida se iba esfumando… era como el candil que se apaga por falta de combustible. Los vecinos del poblado de la Marisosa, zona minera en las serranías de San Lucas, lo trasladaron de inmediato al hospital Manuel Elkin Patarroyo del municipio de Santa Rosa del sur, Bolívar, pero era demasiado tarde, murió llegando al casco urbano.
El cadáver fue retornado a su tierra natal, Montecristo, Bolívar; sus familiares tomaron la ruta del puente de la Torera y por la Ye, continuaron el paso, para llegar a la vertiente del Cauca, donde dolida su familia, le dio sagrada sepultura.
Los habitantes del sector de la Marisosa, donde reina esta especie de serpiente venenosa, piden a las autoridades, piden al gobierno departamental, local y a los propietarios de minas, mantener en el botiquín suero antiofídico, porque los colonos tienen que acostumbrarse a vivir en medio de esta especie que está protegida por los ambientalistas.