Fatigado por las altas temperaturas que deja la ola de calor, Hugo Castro Aparicio, un ganadero de Morales, decidió quitarse el sofoco que le produjo la jornada de trabajo que deja el inclemente sol del mediodía; de inmediato el hombre pensó arrojarse a las aguas frías del río Morales; nunca paso por su mente que lo esperaba una desagradable sorpresa; unos minutos zambulléndose en la corriente lívidas, sintió el primer lance de una fiera que se encontraba muy cerca a él, tal vez hambrienta por comer.
Como pudo, por esos instintos de salvarse, Castro Aparicio se tiró a la orilla de inmediato y al intentar saltarse al barranco de la ribera, sufre otro ataque, la fiera de unos tres metros de largo le lanzó otro pretinazo, pero para suerte de él, solo le clavó los dos colmillos al costado de su cuerpo; que logró rozar su rustica trompa que generaba terror.
Pudo más el miedo, que su gordura y edad, él sacó fuerza de donde No las tenía y fuera del peligro observó que había caído en un pantano infestados de caimanes Yacaré, esos que NO son muy comunes en la riberas del Magdalena, ya que su trompa le da un aspecto de un animal prehistórico cubierto de una lama babosa que parecía más un perplejo fantasmagórico.
De inmediato fue conducido de urgencia al hospital Local San Sebastián de Morales donde le suturaron las heridas y observaron la profundidad de uno de los orificios que le dejó el animal.
Hoy Hugo Castro, cuenta el cuento, donde estuvo a punto de ser el alimento de ése réptil, pero si sigue bañándose en el rio Morales, puede terminar en el estómago de estas tremendas fieras que defendemos para que NO se extinga.