Como por cosas del destino, doña Elvia Fuentes Bolaños llegó a Simití, Bolívar, por accidente; después de hacer una travesía desde el Bagre, Antioquia; más de 48 horas de duración en lancha, donde traía 8 de sus hijos; gallinas, cerdos y hasta una aguja para coser su ropa… fue conducida como por arte de magia por las torrentosas aguas de los caudalosos e inhóspitos ríos cauca y Magdalena. Les hablo de la década de los años 60, donde el yuyo y la zarza florecen al caer una bandada de patos espátulas que relucen en el cielo rosa, contrasta ante la majestuosidad quietud de la imponente ciénaga.
Su medio de transporte fluvial, se varó, o mejor como dice ella, se “desmarañó” el motor y la embarcación se detuvo al No poder proceder a su destino” Ella… aburrida de su largo recorrido, decidió bajar su “chorrera” de hijos que aún eran chiquillos; junto con ellos, sus petates de lona (maletas) y de inmediato se ubicó en el tradicional barrio de Chambacú.
Desde ese momento se hizo querer de los nativos y se convirtió en una simiteña de corazón grande; hoy en día, a sus 91 años de edad, sigue lidiando su entorno con su mente prodigiosa, porque no se le olvida una sola U del pasado que marcó parte su vida, al lado de sus hijas y una “catajarria” de nietos, que la rodean en la cálida ciudad de Barrancabermeja, donde además se les suma sus tres nuevos hijos con su nuevo amor, Fabián Antonio Cabrera Barba, donde por destino terminó, obligada por sus edad y sus hijos que la cuidan como una flor inmarcesible.