Después que Vicky Dávila cuestionara el comportamiento de Vicente Blel Staff como “negrero” y se dibujara el panorama político del anterior gobernador, Dumek Turbay Paz, personaje con simpatía total, pero con su arrogancia demostró ser al final un fiasco; hoy estamos degustando, oliendo y saboreando un hombre más humilde y aun tímido en su inicio de gobierno; puedo atreverme a especular que al sur de Bolívar le ira mejor con “Vicentico”… vaticinando buenos augurios con este mandatario que quiere mostrar el rostro bueno de su alma; más sincero, más convencido de que su trabajo con las comunidades se inicia con la teoría natural, donde al mundo no se vino acumular dinero, sino a servir de vocación y disfrutar del cuartico de hora que tenemos cuando estamos vivos.
Reordenar la casa y tomar la ruta señalada, es el camino a seguir en una zona olvidada por el Estado, aislada con el resto del país y sobre todo desunida por su geografía.
El primer paso a plasmar en Los PDS es sin duda, el malecón o eje ambiental de Simití; manantial de vida del que depende más 570 especies silvestre, que habitan de los 50 a mil 800 metros sobre el nivel del mar y que su radio de acción o vida es imaginable; es convencer a los pueblos del sur de Bolívar, que deben vivir en armonía con la fauna endémica y migratoria, como la flora nativa.
Los avances de la Gobernación de Bolívar con los alcaldes municipales, debe centrarse en la construcción de un Plan de Desarrollo que nos sirva a todos y NO a las minorías o casas políticas que acumulan dinero como parásitos que se revientan cuando su vientre está repleto de codicia; mientras el 98% de los ribesureños vivimos de las migajas de los corruptos enceguecidos por el poder efímero de tan sólo cuatro años.
Necesitamos la liquidación del moribundo hospital Regional San Antonio de Padua y el cambio de una nefasta directora, como es la esposa del alcalde San Pablo, Jessica Abello Villegas, quien estrenó el hospital hace 6 meses, y por complacer a los carteles de la salud en Bolívar, a su esposo Omar Bohórquez y a Dumek Turbay, lo tiraron al abismo de la quiebra con más de 4 mil millones de pesos.
Nos convertiremos en rebeldes, si permite admite y tolera la continuidad de esta directora cuestionada, porque preferimos que se lleven su andamiaje de corrupción, antes de seguir desangrando la salud de los sureños de Bolívar y prestado un servicio digno a todos, donde se atienda a los pacientes que son llevados a otro hospital de segundo nivel, con iguales características.
Se requiere del conector de Piedracandela que una a los pueblos; que desde el gobierno de Juan Carlos Gossain se viene mencionando, incluso con el puente de Gambote que prefirieron dejarlo tirado para chatarrizar y NO volverlo útil, para unir a Morales, Puerto Rico, Rioviejo, Regidor y Arenal del sur con Cantagallo, San Pablo, Santa Rosa del sur y Simití; debe ser el sueño de Bolívar Primero, para planificar nuestro territorio; una herramienta con la que los diferentes municipios esperan crecer y tener una hoja de ruta que los guie para el progreso de sus familias.
Los alcaldes y alcaldesas de los diferentes municipios del sur de Bolívar deben recibir los lineamientos estratégicos y guías que deben tener en cuenta para que el documento de planeación se construya para bien de todos; soy optimista y aterrizado a las realidades y necesidades de una región que pide a grito salir del barro.
El espacio de hoy debe ser aprovechado. tenemos la oportunidad de cambiar el destino retrogrado, arcaico y atrasado de una historia congelada y NO, en la que vive la humanidad del siglo XXI, donde el municipio más antiguo de sur de Bolívar, quedó extasiado, sigue viviendo en el siglo XVII, con el estiercol dentro de sus casas, acumulando excretas en posas séptica, por la falta de un alcantarillado y a la vez, destruyendo su hábitat natural, donde se comparte con peces, aves, animales, insectos, reptiles en abundancia y toda clase de árboles nativos. Aquí tenemos la oportunidad de construir un buen gobierno y realizar una excelente gestión, involucrando a nuestra gente, en la formulación de nuestros planes de desarrollo de una cultura anfibia, que su voz se quebranta en incertidumbre.