El peso de la Ley del monte “El juez, que recurrió a la guerrilla para hacer justicia”
El índice de impunidad que maneja la fiscalía General de La Nación es que de 100 casos investigados, sólo se resuelven 6; en el Sur de Bolívar nos podríamos atrevernos a decir que la guerrilla resuelve el 97% de las denuncias que llegan a sus manos y la fiscalía solo 0,9%.
Lean esta historia que ustedes se negaran a creer, y yo me resisto a creerla también; pero la justicia en el sur de Bolívar, ni siquiera cojea, No existe, y si alguno logra salir victorioso, es porque tienen dinero; ya que en esta región del país NO se litiga, se negocia con el dolor ajeno.
Esta narración parece más un cuento macondiano que una historia verdadera, hoy la sacaremos del baúl del tiempo; ocurrió hace varios años en Simití, Bolívar.
“El juez, que recurrió a la guerrilla del ELN para hacer justicia; porque le habían robado su televisor”
Paradójicamente parece un «cuento chino»; pero es real… hoy, cuando Colombia ocupa en los ojos del mundo el primer lugar de corrupto, la ratificamos, porque para nosotros es una vergüenza universal.
No daremos nombre, pero si usted quiere saberlo, llámenos que con gusto lo revelaremos y esto se conoce desde que el circuito judicial existe en Simití; la aparición de la guerrilla en el año de 1965, desplazó totalmente la justicia ordinaria.
En esta “República independiente”, se archivan los procesos; los malos salen victoriosos y los que tienen pruebas los archivan o loa tipifican, bajándole su importancia, como convertir un acto terrorista o una asonada, en daño en bien ajeno, para que no se haga justicia.
Con la noticia de los políticos que están con Dios y con El Diablo; hacen que este fenómeno tuviese su auge después de la Constituyente del 91; donde se deterioró totalmente la institucionalidad, quebrantándose la democracia y que esta esté por los suelos, ya que si un juez, recurre a la Ley del Monte, por ser más ágil, rápida y efectiva, que se puede espera para el ciudadano de a pie o del campo.
Pero el panorama que se hizo con esta historia, recorre aun los rincones fantasmagóricos de estos pueblos; era un nudo en la garganta que tenía que vomitar hace muchos años; porque la presencia de guerrilla, narcotráfico, minería ilegal, bandas criminales y paramilitares, nos dejan un sabor agridulce de una decidía interminable.
La casa de Marcelino Zabala Cuello, el juez del pueblo que amaneció sin televisor; sucede que en las horas de la noche penetraron al interior de su vivienda dos ladrones y extrajeron su única herramienta para divertirse y ver sus telenovelas.
En la mañana siguiente, dolido el juez por el robo, se enteró de inmediato de los autores materiales; porque “Pueblo pequeño… infierno grande” sabiendo quienes son los autores materiales del robo de su televisor; No se dirigió a la oficina del inspector de Policía; ni a las autoridades competentes: Él, sin mediar palabras y con su dolor a flor de piel, se rigió al Corregimiento deSan Blas, jurisdicción de Simití, Bolívar, donde se encontraba un guerrillero del Ejército de Liberación Nacional, ELN, que recepcionó su queja.
A las pocas horas se resolvió el problema, a los dos autores materiales del hurto los citaron y como niños obedientes acudieron de inmediato a la Ley del Monte, (Porque la respetan, le temen)
Sin mediar y sin temblarle la mano, los rebeldes le imparten un castigo ejemplar; trabajos comunitarios para pagar su alimentación y su condena; después de hacer el servicio social, fueron liberados los dos sujetos.
Al juez de Simití, le devolvieron su televisor y la gente quedo complacida por el castigo ejemplar, sin matarlo por supuesto. Aún los ciudadanos del campo en pleno siglo XXI recurren a la justicia del Monte, porque le resuelve su inoperancia, su ausencia de justicia.
Esta paradoja nos enseña, que es urgente la reforma de la justicia, para que Colombia no se desbarate por completo y la gobernabilidad sea el equilibrio de los hombres que pueblan sus territorios; despolitizar y depurar de los vicios de la corrupción, como mejorar su trabajo para que sean competitivos, frente al fenómeno de la Ley del Monte.
Un pueblo sin salud puede sobrevivir… aunque viva enfermo.
Un pueblo sin educación puede sobrevivir… aunque viva en la ignorancia.
Un pueblo sin obras puede sobrevivir… aunque viva en el atraso.
Un pueblo sin cultura puede sobrevivir… aunque NO tenga alma.
Pero un pueblo sin justicia No puede existir… porque Nos matamos unos a otros.