Con carácter, como Policarpa Salavarrieta, Chinde Araujo, una mujer que reside en Curití, Santander, llegó de vacaciones a Simití, Bolívar éste fin de año y con una fuerza inmarcesible, tomó el machete y desojó todas las ramas del árbol de Maiscocho, conocido en la zona como “el gallinero” un palo ubicado en el playón, parte trasera de la casa de la familia Araujo y Elizabet Iglesias Torres, lugar donde los adictos al bazuco y a la mariguana se subían o se guindan en las ramas como si fueran gallinas o aves, lo hacen cuando consumen vicio.
En pleno día, a los ojos de todo el mundo, estos hombres enfermos por la droga, convirtieron el gallinero en una verdadera olla; la comunidad de Las Flores, Barrio Arriba y Chambacú, quedaron infinitamente agradecida con esta aguerrida mujer que tomó la decisión de acabar de raíz con el problema del teatro de la drogadicción que está creciendo cada día y preocupaciones la comunidad, porque se está aumentando el consumo de sustancias psicoactivas en los barrios.
Jóvenes, mujeres y hasta niños simiteños, fueron atrapados por los expendedores de droga que los han esclavizado en el infierno de las drogas. En muchas partes del país, los viciosos se encaraman en árboles y recordamos el mango que mocharon los habitantes del Mirador de Zaragocilla en la ciudad de Cartagena, donde también se convirtió en el aterrizaje de los consumidores que creen que vuelan y son pájaros o gallinas para subirse en las ramas.